los domingos son unos días rarísi mos. yo no podría decir si me gustan del todo o si los odio del todo. sí, es cierto, he tenido domingos duros acá. acá y en cualquier otro lado. pero he tenido otros que salvan la patria.
los domingos son días rarísimos porque uno no entiende bien si fueron creados para descansar sin pensar en nada más o si fueron creados para que sintamos que el fin del mundo está cerca.
cuando era pequeña, los domingos, casi siempre, eran días felices porque veía a mi papá. cuando era pequeña quería a mi papá sin prejuicios ni motivos. sólo porque era mi papá y ya. y los domingos nos veíamos y muchas veces almorzábamos en la casa de los abuelos y venían mi prima y mi hermana y jugábamos al tiburón. casi siempre era mi hermano, por ser hombre y el menor.
otras veces salíamos a algún centro comercial y comíamos helado y vitriníabamos. llegábamos a las casa entre 6 y 7pm y todo era una nota.
los domingos de mi infancia están llenos de recuerdos felices: de juegos y visitas y programas de televisión y salidas al parque o a la ciclovía. luego crecí.
los domingos siguientes a los de la infancia, es decir la preadolescencia y posterior adolescencia, estuviero llenos de mucha amistad y cariño. el domingo todas, casi todas, íbamos a jugar volibol en el club. a veces entrábamos a misa todas, ese era el plan. lo divertido era que nos sabíamos las canciones que cantaba el señor de la misa y todas las veíamos con otros ojos, las cantábamos con un doble sentido. así, una letra que decía: "le hablaré sin miedo al oído, le diré las cosas que hay en mí y que solo a él, le interesarán, él es más que un mito para mí" tenía su respectiva interpretación amorosa y entonces todas cantábamos con esa malicia, esperando que de verdad hubiera ese a quien contarle esas cosas.
en esos domingos comenzó la costumbre de ir a visitar a los abuelos. ellos antes vivían al norte, cerca de nosotros. pero por alguna razón que no recuerdo se decidieron volver al sur y como el sábado nos quedaba muy complicado hacer el viaje hasta el sur, empezamos a ir los domingos.
en plena adolescencia no había plan más jarto (en mi caso) que ir a la casa de los abuelos y ver el noticiero del mediodía y tomar onces después del almuerzo y asarse en el carro mientras llegábamos. no obstante, ese tipo de domingos fue el que después aprendí a querer y que a veces añoro.
no obstante, muchas veces, después de visitar a los abuelos mi hermano y yo nos íbamos a usaquén a escuchar cuenteros, a comer mazorca, a caminar por las calles del barrio. a veces mi papá se pegaba al plan y la pasábamos muy bien. porque claro, los domingos todavía eran los días de la visita de mi padre, solo que fueron perdiendo esa constancia y ahora cualquier día puede está bien para encontrarnos.
durante los últimos 2 años del colegio y más adelante durante la universidad, los domingos también fueron los días de pasar el guayabo, de dormir por la tarde donde los abuelos, o en el carro o en la casa. donde fuera. fueron también los días de terminar de hacer las tareas (lo que siempre nos reprochó mi papá). pero casi siempre estuvieron bien, poco drama.
la cosa se complicó cuando entré a la universidad. ahh, los domingos: para pasar el guayabo, para jugar volibol, para verme con mis amigas, para visitar a los abuelos, para asarme en el carro, para dormir por la tarde, para terminar de leer los libros, para empezar el ensayo, para organizar el horario de la semana, para ver las películas del domingo, para hacer trabajos con los compañeros (los pocos que me tocó hacer en compañia), para verme con mi papá solo un rato, para hacer el desayuno, para leer el periódico, para sacar a robin, para ir a san javier, o volver.
estaban tan llenos de cosas y a la vez no eran nada. entonces se vino la tristeza del domingo, esa sensación horrible de que el mundo debería acabarse un domingo y hacernos la gracia de que no vuelva a haber otro igual. ser conscientes de que una semana nueva empieza, de que llega el lunes con los mismos afanes de hace 8 días. darse cuenta que se acabó el fin de semana y no se hizo nada de lo que se había planeado. pobre séptimo día, tan mal diseñado.
bueno, a pesar de tanta presión que cae sobre este día, hay domingos que salvan la patria. hay domingos felices, como hoy cuando vamos todos al asado y corren los niños por el parque y juegan juntos y se pelean entre sí pero vuelven a buscarse para jugar. cuando las mamás comen juntas y se ríen. cuando los papás se ponen a jugar frisbee o fútbol. cuando yo me siento bien de estar pasando un domingo de verano alemán con esta "mi" familia.
sí, hay domingos felices como hoy. sí. las cosas pueden ir bien. (los domingos)
domingo, 3 de julio de 2011
sábado, 4 de junio de 2011
valer la pena
"Pero ahora tengo veinticuatro años y la cosa, además de insoportable, es ridícula." AM.
quería escribir antes pero no sabía a ciencia cierta de qué. no sabía bien qué decir... tal vez transcribir algunos apuntes, pero no. no estaba segura. hoy me siento y decido terminar esta entrada que había dejado en remojo... tampoco es que sea muy trascendente lo que tengo que decir, lo que quiero decir....
una vuelta al sol completa le he vuelto a dar. una vuelta entera. y fue un día bonito porque amaneció lloviendo y además era miércoles. y me lavé el pelo. cada cosa por separado hace de mi día algo lindo, pero las tres al tiempo solo podían significar que sería el mejor de los días.
ahora, no sé si fue el mejor, pero sé que fue bonito. que estuve y no estuve, que comí mucho ponqué y que brindé. que estuve muy feliz de haber cumplido otro año. porque celebré que no me morí antes, que ya tengo 24. que estoy lejos pero contenta. que lo he logrado, sí. porque viéndolo en perspectiva sí he hecho mucho.
recuerdo que alguna vez le dije a mi hermano, mientras veíamos el noticiero y destacaban a un joven jugador de algún deporte porque estaba haciendo cosas muy significativas en su rama y no pasaba de los 20 (para esa época yo también tenía menos de 20), que me sentía un poco mal al ver tanta gente triunfando y tan joven, que eso me daba por pensar que yo no había hecho mucho. y él me dijo, entonces, con su tono ceremonial cuando quiere hacer alguna aseveración que a mí me deja mal parada porque me hace sentir muy pequeña e inmadura, que yo había hecho mucho, muchísimo hasta donde iba. que no me podía comparar pero que todo lo que había logrado hasta ese entonces significaba mucho.
de cumpleaños recibí varios regalos sencillos: cartas que atravesaron el océano, un tarjeta con un avión de papel que hizo maxi y otra tarjeta firmada por la flia. que también hizo maxi; chocolates por parte de los abuelos y como tres felicitaciones de santi; dulzura de parte de gabriel; algunos correos que me llegaron al alma; una historia ilustrada; la llamada de mi mamá y mi hmno; la de mis abuelos y la de marthica; una celebración sorpresa con merengue, rancheras y bachata de fondo; un ponqué delicioso de cerezas negras; una cartelera que dejé en la casa de fernanda; una canción; una tarjeta que me invita a despreocuparme porque "sólo es un año más.... o menos" y así, muchos buenos deseos. entre dichos regalos recibí el correo de mi papá que, como siempre, se enorgullece de verme donde estoy y que me dice que cada día tengo una hoja de vida más interesante...
eso me llevó a pensar sobre lo que he hecho y lo que no, lo que he alcanzado. quién soy ahora, quién creía que iba a ser cuando tenía 20 y quién quiero ser dentro de 20. me hizo darme cuenta -y entonces vuelven las palabras de mi hermano- que en realidad sí he hecho mucho y todavía queda mucho por hacer. y aunque a veces crea que esto no tiene mucha importancia, que podría ser mejor, que los errores siempre están ahí recordándome que los cometí... aunque a veces me da mucho palo y piense que las cosas no las merezco. aunque a veces sea pesimista... lo he logrado.
y ya no puedo decir que no quiero crecer más. porque lo he estado haciendo desde siempre y por fortuna, ¡válgame dios! tengo que decir y me lo repito que hay que ¡tomar la vida como un acto inaplazable! y vivir aquí y ahora, por mucho que nos cueste, por mucho que nos duela, por mucho que la embarremos y lo mucho que no queramos seguir.
tomar la vida inaplazablemente, como un acto político y social, para comprometerse con un entorno, con un círculo, con una realidad. tomar la vida desde el mismo momento en que nos damos cuenta dónde estamos y con quién. tomar la vida, asumir el tránsito, el tiempo.
tomar la vida y darse cuenta que todo, absolutamente todo, ha valido la pena.
quería escribir antes pero no sabía a ciencia cierta de qué. no sabía bien qué decir... tal vez transcribir algunos apuntes, pero no. no estaba segura. hoy me siento y decido terminar esta entrada que había dejado en remojo... tampoco es que sea muy trascendente lo que tengo que decir, lo que quiero decir....
una vuelta al sol completa le he vuelto a dar. una vuelta entera. y fue un día bonito porque amaneció lloviendo y además era miércoles. y me lavé el pelo. cada cosa por separado hace de mi día algo lindo, pero las tres al tiempo solo podían significar que sería el mejor de los días.
ahora, no sé si fue el mejor, pero sé que fue bonito. que estuve y no estuve, que comí mucho ponqué y que brindé. que estuve muy feliz de haber cumplido otro año. porque celebré que no me morí antes, que ya tengo 24. que estoy lejos pero contenta. que lo he logrado, sí. porque viéndolo en perspectiva sí he hecho mucho.
recuerdo que alguna vez le dije a mi hermano, mientras veíamos el noticiero y destacaban a un joven jugador de algún deporte porque estaba haciendo cosas muy significativas en su rama y no pasaba de los 20 (para esa época yo también tenía menos de 20), que me sentía un poco mal al ver tanta gente triunfando y tan joven, que eso me daba por pensar que yo no había hecho mucho. y él me dijo, entonces, con su tono ceremonial cuando quiere hacer alguna aseveración que a mí me deja mal parada porque me hace sentir muy pequeña e inmadura, que yo había hecho mucho, muchísimo hasta donde iba. que no me podía comparar pero que todo lo que había logrado hasta ese entonces significaba mucho.
de cumpleaños recibí varios regalos sencillos: cartas que atravesaron el océano, un tarjeta con un avión de papel que hizo maxi y otra tarjeta firmada por la flia. que también hizo maxi; chocolates por parte de los abuelos y como tres felicitaciones de santi; dulzura de parte de gabriel; algunos correos que me llegaron al alma; una historia ilustrada; la llamada de mi mamá y mi hmno; la de mis abuelos y la de marthica; una celebración sorpresa con merengue, rancheras y bachata de fondo; un ponqué delicioso de cerezas negras; una cartelera que dejé en la casa de fernanda; una canción; una tarjeta que me invita a despreocuparme porque "sólo es un año más.... o menos" y así, muchos buenos deseos. entre dichos regalos recibí el correo de mi papá que, como siempre, se enorgullece de verme donde estoy y que me dice que cada día tengo una hoja de vida más interesante...
eso me llevó a pensar sobre lo que he hecho y lo que no, lo que he alcanzado. quién soy ahora, quién creía que iba a ser cuando tenía 20 y quién quiero ser dentro de 20. me hizo darme cuenta -y entonces vuelven las palabras de mi hermano- que en realidad sí he hecho mucho y todavía queda mucho por hacer. y aunque a veces crea que esto no tiene mucha importancia, que podría ser mejor, que los errores siempre están ahí recordándome que los cometí... aunque a veces me da mucho palo y piense que las cosas no las merezco. aunque a veces sea pesimista... lo he logrado.
y ya no puedo decir que no quiero crecer más. porque lo he estado haciendo desde siempre y por fortuna, ¡válgame dios! tengo que decir y me lo repito que hay que ¡tomar la vida como un acto inaplazable! y vivir aquí y ahora, por mucho que nos cueste, por mucho que nos duela, por mucho que la embarremos y lo mucho que no queramos seguir.
tomar la vida inaplazablemente, como un acto político y social, para comprometerse con un entorno, con un círculo, con una realidad. tomar la vida desde el mismo momento en que nos damos cuenta dónde estamos y con quién. tomar la vida, asumir el tránsito, el tiempo.
tomar la vida y darse cuenta que todo, absolutamente todo, ha valido la pena.
martes, 17 de mayo de 2011
todo es muy simple
todo es muy simple
más simple y sin embargo
aún así hay momentos
en que es demasiado para mí
en que no entiendo
y no sé si reírme a carcajadas
o si llorar de miedo
o estarme aquí sin llanto
sin risas
en silencio
asumiendo mi vida
mi tránsito
mi tiempo.
- idea vilariño -
más simple y sin embargo
aún así hay momentos
en que es demasiado para mí
en que no entiendo
y no sé si reírme a carcajadas
o si llorar de miedo
o estarme aquí sin llanto
sin risas
en silencio
asumiendo mi vida
mi tránsito
mi tiempo.
- idea vilariño -
lunes, 2 de mayo de 2011
lo que quiero hoy
hoy, de verdad verdad, lo único que quiero es una presencia real, alguien cercano, alguien con quien sentarme en un banco y ver la gente. y quiero que dicha presencia real me dé unas palmaditas en la espalda y me diga "tranquila, todo va a estar bien. tú puedes, tú lo vas a lograr. cualquier cosa que necesites, yo te ayudo". eso quiero.
quiero que esas palmaditas en la espalda se conviertan en un incentivo, en un vientico refrescante, en un aliento que me haga ver que de verdad las cosas no son tan difíciles como parecen y que, de todas formas, aunque no exista tal presencia, yo sí puedo y espero lograrlo.
desde hace tres meses he estado evitando las responsabilidades reales porque en el fondo tengo miedo y quisiera que alguien me mostrara el camino o me dijera "ve por aquí que es más seguro". porque a veces me da por pensar que yo sola no puedo y que esto me va a quedar grande. por eso tengo miedo y por eso quisiera esas palmaditas y esa presencia y ese banco. no obstante, como sé que nada de eso puede evitarme tomar decisiones y enfrentarme a lo que me espera, terminaré de escribir esta entrada y después de recostarme unos minutos en mi cama, volveré a la pantalla y comenzaré a organizar los asuntos que me asustan y que ahora me urguen y que no puedo evitar.
al menos tengo que decir que lo intenté. no me puedo quedar a mitad del camino, porque el camino vaya que si es largo como para desistir sin haber empezado.
quiero que esas palmaditas en la espalda se conviertan en un incentivo, en un vientico refrescante, en un aliento que me haga ver que de verdad las cosas no son tan difíciles como parecen y que, de todas formas, aunque no exista tal presencia, yo sí puedo y espero lograrlo.
desde hace tres meses he estado evitando las responsabilidades reales porque en el fondo tengo miedo y quisiera que alguien me mostrara el camino o me dijera "ve por aquí que es más seguro". porque a veces me da por pensar que yo sola no puedo y que esto me va a quedar grande. por eso tengo miedo y por eso quisiera esas palmaditas y esa presencia y ese banco. no obstante, como sé que nada de eso puede evitarme tomar decisiones y enfrentarme a lo que me espera, terminaré de escribir esta entrada y después de recostarme unos minutos en mi cama, volveré a la pantalla y comenzaré a organizar los asuntos que me asustan y que ahora me urguen y que no puedo evitar.
al menos tengo que decir que lo intenté. no me puedo quedar a mitad del camino, porque el camino vaya que si es largo como para desistir sin haber empezado.
miércoles, 27 de abril de 2011
de colores
aunque hoy es un día nublado y ha lloviznado durante la mañana y hace frío de 10°c, debo decir que de lejos la primavera es maravillosa. es maravillosa porque es el renacer, el inicio de la vida, el nuevo comienzo. cuando todo vuelve a empezar.
la primavera empezó en marzo y desde ese momento yo no hago otra cosa más si no sonreír. ¿cómo podría uno estar triste cuando el cielo está azul azul y los aviones lo surcan? ¿o cuando uno sale a la calle e inmediatamente todo huele a miel y a flores y a dulce? ¿cómo entristecerse si la gente se acuesta en los parques a leer, a tomar cerveza o a dormir? ¿cómo deprimirse si los pajaritos cantan y las lagartijas cruzan los jardínes y los tulipanes florecen?
claro, para estar triste siempre se pueden buscar otros motivos aun estando en el paraíso. pero independientemente de las razones que he tenido para estar triste y sentirme ajena y extraña, la primavera salva la patria siempre -o bueno, casi siempre, porque en días como hoy pienso en la ciudad de páramo de un país en el trópico y me olvido que vivo en las estaciones-. la salva porque en el ambiente se respira otro aire, porque la gente se viste de colores, porque se ve la piel, porque la levedad del ser queda al descubierto.
por eso, quisiera vivir siempre en la primavera, porque el calor todavía me lo aguanto y el frío que vuelve de vez en cuando (como hoy) ya lo he soportado antes. porque hace seis meses creíamos que la primavera no iba a llegar... si se veía tan lejana, tan esquiva. pero cuán equivocados estábamos y menos mal, porque a fin de cuentas, todo llega. todo llega.
domingo, 27 de marzo de 2011
los otros
vivir en casa de otros no es tan fácil. se demora uno en entender que también es su espacio y que de ahora en adelante la puede llamar "casa".
creo que me demoré tres meses en aceptarlo. en dejar de sentirme una extraña, una huésped para pasar a ser un miembro más. no es fácil y tampoco es del todo cierto. durante los fines de semana apenas cruzamos palabra. y a veces yo quisiera esconderme, hacerme chiquita, casi invisible... como hoy.
hoy tengo todas las luces apagadas y no he dejado rastro de vida. hoy ni siquiera he pronunciado una palabra. he estado aislada, completamente. dí una vuelta por un barrio bonito que no conocía, casi me quedo dormida en el metro y me dolía un gemelo. esa fue toda mi actividad de hoy. volví a la casa, preparé café (que me quedó muy rico) y lo tomé con dos rebanadas de pan con mantequilla y miel. desde entonces he estado en mi cuarto haciendo tareas, sacando las hormigas que se sintieron atraídas por mi pequeña alacena, escuchando música, leyendo noticias y ahora esperando a un amigo al que quedé de ayudar por skype.
hoy no he pronunciado palabra y ahora que ellos llegaron yo dejo las luces apagadas y me escondo. mi cuarto es mío porque lo he vuelto mío. es mi refugio, mi casa, mi territorio.
que domingo más domingo y qué soledad.
creo que me demoré tres meses en aceptarlo. en dejar de sentirme una extraña, una huésped para pasar a ser un miembro más. no es fácil y tampoco es del todo cierto. durante los fines de semana apenas cruzamos palabra. y a veces yo quisiera esconderme, hacerme chiquita, casi invisible... como hoy.
hoy tengo todas las luces apagadas y no he dejado rastro de vida. hoy ni siquiera he pronunciado una palabra. he estado aislada, completamente. dí una vuelta por un barrio bonito que no conocía, casi me quedo dormida en el metro y me dolía un gemelo. esa fue toda mi actividad de hoy. volví a la casa, preparé café (que me quedó muy rico) y lo tomé con dos rebanadas de pan con mantequilla y miel. desde entonces he estado en mi cuarto haciendo tareas, sacando las hormigas que se sintieron atraídas por mi pequeña alacena, escuchando música, leyendo noticias y ahora esperando a un amigo al que quedé de ayudar por skype.
hoy no he pronunciado palabra y ahora que ellos llegaron yo dejo las luces apagadas y me escondo. mi cuarto es mío porque lo he vuelto mío. es mi refugio, mi casa, mi territorio.
que domingo más domingo y qué soledad.
jueves, 3 de marzo de 2011
todo lo que he logrado
hasta hace muy poco no me creía capaz de muchas cosas: no creía que pudiera iniciar conversaciones espontáneas en lugares poco comunes, no pensaba que pudiera decir 'muchas gracias' o que sonreír no me constara tanto. no pensé nunca que decir 'te quiero', 'me haces falta' o 'te mando mis cariños' no me sonaran forzados o fingidos.
yo no pensaba que la escritura me fluyera tanto o que mi capacidad de concentración para leer por internet fuera a desarrollarse algún día como para lograr leerme todo un reportaje de semana completo. tampoco creí ser capaz de ajuiciarme con el diario, de empezar a organizar de alguna forma mi vida con postits de colores o que tuviera tanto interés por volver a los poemas de mi infancia.
muchas cosas las he logrado desde que estoy acá lejos, sola, con nieve, con cielos surcados. otras cosas había empezado a practicarlas, a desarrollarlas, a adquirirlas antes de viajar. sea como sea, tengo que reconocer que me sorprendo a mí misma cada vez que me doy cuenta no solo de que soy capaz sino de todo lo que me queda por demostrar de que soy capaz.
mi papá siempre nos dijo a mi hermano y a mí que uno no tenía porqué demostrarle nada a nadie, "que si los demás se ponen a tomar y se quieren emborrachar, uno no tiene porqué coger la botella y acabársela para demostrar que puede aguantar más que los otros o que toma más rápido". ese siempre fue uno de sus ejemplos preferidos. ahora, que ya no somos adolescentes y eso de tomar rápido y todo lo que le ofrezcan se ha quedado en una etapa, supongo que mi papá buscará algún otro ejemplo para seguir diciéndonos que no, que uno no tiene porque demostrarle nada a nadie (tal vez se le ha olvidado decir que lo que sí hay que demostrar es el cariño, el afecto), que uno no tiene porqué jugar a ser el más valiente o el más fuerte o el que más aguanta.
y bueno, yo creo que una de las formas sanas y productivas y valiosas de demostrar algo es cuando uno lo hace consigo mismo. por eso, en este momento del año y de mi vida, de verdad, me siento muy contenta de poder demostrarme cada día de que soy capaz, de que he sobrevivido, de que no he tenido ganas de morirme de verdad. en otras palabras, me siento orgullosa de mí misma.
me siento orgullosa de mí cuando miro este cuarto pequeño y blanco que hace unos meses me aterrorizaba porque me acordaba de los cuartos de clínica a los que no quiero volver y porque me hacía sentir lejana, perdida. ahora lo miro y lo veo lleno de dibujos y de notas y de cartas y de afiches y de color. y me veo reflejada en él; después de mucho intentar, decidí no aplazar el asunto del dibujo y empezar de alguna forma, por eso ahora tengo varios dibujos pegados en mis paredes que si bien no son ninguna obra de arte, al menos me han servido para matar el tedio, la tristeza, la rutina, los gritos de los niños o el dolor de cabeza.
pero sobretodo, los dibujos me han servido, especialmente, para darme cuenta de las capacidades que tengo y de cómo debo yo tomar la iniciativa y explorarlas, desarrollarlas, trabajarlas. supongo que este arrebato de creatividad, estas ganas locas de escuchar canciones para pintarlas o de escribir eternamente, de llenar papeles con pensamientos, de garabatear nombres, de repetir una y otra vez el faro que no me quedó bien y de querer intentar hacer un molino y repetirlo cuantas veces sea necesario... supongo que este entusiasmo que de un momento a otro se desborda sobre mi escritorio tiene que ver con el hecho de que a fin de cuentas la soledad no es tan sola si decidimos aceptarla y serenarnos. si decidimos volver sobre las cosas que nos gustan y poner nuestro empeño por demostranos a nosotros mismos que sí podemos, que aunque el camino sea duro la cima todavía se puede ver y que, a fin de cuentas, no nos queda de otra... no podemos sentarnos sobre las piedras del sendero y ver cómo se nos pasa la vida mientras seguimos creyendo que no somos capaces de nada más.
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