vivir en casa de otros no es tan fácil. se demora uno en entender que también es su espacio y que de ahora en adelante la puede llamar "casa".
creo que me demoré tres meses en aceptarlo. en dejar de sentirme una extraña, una huésped para pasar a ser un miembro más. no es fácil y tampoco es del todo cierto. durante los fines de semana apenas cruzamos palabra. y a veces yo quisiera esconderme, hacerme chiquita, casi invisible... como hoy.
hoy tengo todas las luces apagadas y no he dejado rastro de vida. hoy ni siquiera he pronunciado una palabra. he estado aislada, completamente. dí una vuelta por un barrio bonito que no conocía, casi me quedo dormida en el metro y me dolía un gemelo. esa fue toda mi actividad de hoy. volví a la casa, preparé café (que me quedó muy rico) y lo tomé con dos rebanadas de pan con mantequilla y miel. desde entonces he estado en mi cuarto haciendo tareas, sacando las hormigas que se sintieron atraídas por mi pequeña alacena, escuchando música, leyendo noticias y ahora esperando a un amigo al que quedé de ayudar por skype.
hoy no he pronunciado palabra y ahora que ellos llegaron yo dejo las luces apagadas y me escondo. mi cuarto es mío porque lo he vuelto mío. es mi refugio, mi casa, mi territorio.
que domingo más domingo y qué soledad.
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