Ellos cargan la muerte en la cintura como si cargaran un racimo de uvas o una flauta.
La cargan en la cintura sin que les corte la circulación, sin que les pese mucho, sin que haga ruido.
A veces la muerte se asoma por debajo de la chaqueta e impresiona a las niñas que se sientan a su lado. Porque la muerte es gris, casi negra y se deja ver, haciendo cocos.
A ellos no les incomoda llevarla consigo todos los días, ni siquiera se preocupan si asustan a los demás.
Porque ellos han nacido para eso, para cargar la muerte, para sentirla, pra imponerla y muchas veces, para preferirla antes que su propia vida.
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